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por Fernando Mósig Pérez |
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Al tratar en el libro dedicado a la historia de la Hermandad de la Divina Pastora acerca de las escasamente documentadas restauraciones pretéritas a las que fue sometida la bicentenaria imagen titular, expusimos lo desconocida que era la restauración realizada en el año 1963, restauración de la que teníamos constancia sólo por los libros de cuentas que conserva la antigua asociación religiosa. En estos áridos libros consta que la Divina Pastora fue “retocada” (“Retocar la imagen de la Titular...”, se expresa literalmente en ellos) en Sevilla en dicho año y que la factura importó 1.200 pesetas. Para frustración nuestra, el lacónico asiento contable, las parcas anotaciones de tesorería, no añadían nada más: ni el nombre del artífice sevillano restaurador ni el alcance material y artístico de tal restauración o retoque.
Los archivos corporativos o parroquiales no dejaron más rastro de esta huidiza intervención artística. La prensa local y provincial, hasta donde sabemos, tampoco. Nosotros sólo pudimos conjeturar en el libro que la restauración pudo tener lugar en alguno de los talleres de imaginería hispalenses más frecuentados entonces por las hermandades y cofradías isleñas, como el de Castillo Lastrucci o el de Sebastián Santos (v. pp. 345-346). Una conjetura tal vez demasiado fácil y superficial… Sin embargo, gracias al testimonio de José Luis Ruiz Nieto-Guerrero, insigne cofrade gaditano, veterano estudioso de las hermandades andaluzas, e inagotable fuente de datos, y por mediación de Manuel Ferreiro, devoto y exquisito vestidor de la imagen titular, hemos podido saber recientemente quién fue el artífice que restauró la imagen de la Divina Pastora en ese repetido año de 1963. Se trata de Rafael Barbero Medina (1913-1990), escultor granadino, afincado en la capital del Guadalquivir desde 1943. Como es sabido, Barbero comenzó trabajando en los talleres de Castillo Lastrucci y en los de las escuelas salesianas de la Santísima Trinidad, hasta que montó un taller propio a fines de los años cuarenta. Para las hermandades de Sevilla, según Juan Carrero, “sus obras son la mayor parte figuras pequeñas que adornan canastos y respiraderos de las andas, como en las del Cristo de las Almas, Penas de San Vicente, San Roque, Siete Palabras, Santa Cruz, Jesús Nazareno (La O), etc”. De hecho, en San Fernando, este artista es conocido por ser el autor de los decorativos angelitos que sostienen la cruz que la devota imagen de Jesús de la Misericordia porta en sus andas procesionales.
No obstante, Barbero realizó también la Virgen del Carmen venerada en la barroca iglesia del Buen Suceso, de Sevilla. Y fue igualmente autor de no pocas imágenes creadas para hermandades de localidades sevillanas y gaditanas, como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivos, el Cristo de la Buena Muerte (“El Tumbaíto”) y la Virgen de la Amargura (1945-1948), de Morón de la Frontera; el anterior Longinos de la Cofradía de la Lanzada (1949), de Jerez; el Cristo de la Vera Cruz (1953), de Escacena del Campo; la Virgen de la Amargura (1955) para la Hermandad del Gran Poder, de Brenes; Jesus Cautivo (1957), también de Brenes; el Cristo de la Vera Cruz (1970), igualmente de Brenes; un Cristo de la Agonía, para Málaga, antecedente del actual de Buiza, pero que no llegó a procesionar y que hoy es venerado en un pueblo onubense, etc. El anterior San Juan (1955-1982), del apostolado del paso de la Sagrada Cena, de Sevilla, también fue obra de este escultor andaluz. Barbero, en fin, también emprendió restauraciones de diversas imágenes titulares, destacando entre las más conocidas la efectuada sobre la veneradísima imagen de Jesús de las Penas, de la sevillana Parroquia de San Vicente (1980), y la acometida sobre la antigua talla de Jesús Nazareno, de Lebrija (1981). Según apunta el Sr. Ruiz Nieto, el encargo a Barbero se hizo probablemente por mediación y a expensas de Manuel González de Sancha, devoto pastoreño, bienhechor y factótum de la hermandad mariana isleña y persona que en su época estuvo bien relacionada con los ambientes cofrades hispalenses. Precisamente al Sr. Sancha se le debe, justo por la misma época, el encargo realizado al orfebre Antonio Marmolejo para que labrara la corona, ráfaga y báculo (o cayado) de plata sobredorada, elegantes piezas que donó generosamente a la imagen titular y que se bendijeron en 1964, como queda publicado en nuestro referido texto (v. pp. 348-349). Con estas breves notas de urgencia, en definitiva, hemos querido dar a conocer, gracias a la amabilidad de las personas arriba citadas, un nuevo dato que completa el general conocimiento histórico y artístico sobre la antigua y devota imagen de la Divina Pastora de las Almas, venerada en su templo isleño desde fines del siglo XVIII. Y también hemos querido con ellas, una vez más, coadyuvar a que los hechos históricos relevantes no desaparezcan con el tiempo ni se desvanezcan en las brumas del olvido. Abril de 2008
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