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Editoriales
de agosto de 2003
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volver a editoriales anteriores 4 de agosto de 2003 Sigue el verano con más actividad capillística que se recuerde, el cabilding es el deporte de moda en estos meses estivales, bucólicos y abúlicos normalmente. Sin embargo, el resultado de la mayoría de los cabildos celebrados apenas si despierta el interés, por su escasa trascendencia y repercusión. ¡Ah!, nos llegan noticias de que algunos de los textos ya aprobados han sido devueltos por la autoridad eclesiástica, desconocemos los motivos; a todo esto ¿se molestarán las juntas de gobierno en facilitar a sus hermanos una copia de la normativa interna, una vez acabe todo el proceso formal? ... nos imaginamos la respuesta. Estamos aún en los prolegómenos del febril periodo electoral que se avecina, faltan muchos cabildos de reglamentos internos y, sobre todo, los de elecciones; habrá hermandades en que todo siga igual, bien con las mismas testas dirigiendo el cotarro o a la lampedusiana manera, en otras sin embargo se preveen cambios de ciclo, tanto en la forma como en el fondo (debemos estar atentos al proyecto de salvación de una que está al borde de la parálisis mas absoluta). Y en estas ha tenido lugar la procesión bazanera de los Ángeles, en la que se ha acusado un alarmante y evidente descenso de público (especialmente en los dos últimos años); el largo itinerario y el desfortunado y desproporcionado horario tampoco ayudaron. Se trata de un acto de naturaleza híbrida, alentado por la parroquia y en el que supuestamente están implicados todos los estamentos de la misma, pero cuya organización recae, casi en exclusiva, sobre la hermandad de Gran Poder. Hermandad que, por cierto, no contempla incluir dicha advocación como co-Titular o imagen a la que estaturiamente haya que rendir un culto especial; es más, el camino en este sentido, podría desandarse. Volviendo a los cabildos, como consecuencia del nuevo Estatuto-Base el rosario de cabildos extraordinarios será una afortunada constante a partir de ahora, se acabaron los tiempos del "porque yo lo mando", "la junta es soberana", "la Hermandad soy yo" o los "estrenos sorpresa". Ya se anuncia la convocatoria de uno para tratar el tema del dorado del paso de Huerto; no obstante, llama la atención que hace unos meses se comentase la posibilidad de organizar otro para que el Consejo se quite el muerto del Resucitado y sea la cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad la que se haga cargo del mismo, cuando en el cabildo de estatutos celebrado por esta antigua hermandad no se comentó nada al respecto. Mientras, ya se alzan voces en contra de la nueva normativa diocesana tan devota de la convocatoria de este tipo de cabildos. Se dice que en la vida pública, los gobernantes sólo responden cada cuatro años y no están obligados a convocar referendums para la toma de decisiones, que las hay que no deben (esto sí que es grave) ser tomadas por los hermanos de una cofradía, se recurre al manido falso argumento del "si quieres opinar, trabaja". Evidentemente, sería pernicioso caer en una asambleísmo extremo que paralizese la actividad de la cofradía por nimiedades y asuntos futiles, pero existen decisiones trascendentes que no pueden ser tomadas sin la aquiescencia de los hermanos ; un cuerpo electoral limitado numéricamente y al que no es tan complicado consultar. Se escudan en la baja participación que tienen estos particulares comicios, pero al mismo tiempo nada se hace por fomentarla; el voto por correo sería una buena solución (aunque el propio Estatuto-Base lo restringe a los cabildos de elecciones). El recurso a los cabildos evitaría incómodas situaciones, como embarcarse en el proyecto de un paso que no cuente con el respaldo ni de los hermanos, ni de los cofrades en general. Si los mienbros de una junta de gobierno quieren un paso en madera de teka malaya con sombrillas de arabescos y flores de pita, que monten una cooperativa y lo hagan, pero que no busquen luego a los hermanos para que les financien el capricho de turno. Las juntas de gobierno, deben gobernar claro está, su misión es administrar, gestionar, representar e impulsar la actividad cultual y cultural de la cofradía, pero sin perder de vista que su legitimidad deriva del cabildo de hermanos, el verdaderamente soberano.
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