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Editoriales
de noviembre de 2002
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| volver a editoriales anteriores 3 de noviembre de 2002 Acabó definitivamente esta peculiar semana santa, que no ha sido semana aunque algo ha tenido de santa. Y es que no son muchas las ocasiones en las que podemos ver tal tráfico de parihuelas por las calles isleñas, portando a los Titulares de la Iglesia Mayor Parroquial. Atrás quedaron ya las atractivas, por inhabituales, estampas de dichas imágenes entronizadas en los diversos templos que los acogieron. Sin duda, Servitas y Columna nos han dejado momentos irrepetibles, con sus Titulares junto a la Copatrona y la Patrona respectivamente; ver a San José en la capilla del antiguo hospital del mismo nombre también ha sido digno de mención (fabulosamante acogido por la única hermandad penitencial que lo tiene por cotitular). Por su parte, los traslados de vuelta han sido diferentes a los de ida en varios aspectos: cambios de horarios, itinerarios y presencia de público. Nazareno fue la que inició esta vez el peregrinar de regreso. Lo hizo acompañado, en su tramo final, acompañado por más personas que en el de ida (beneficiado también por lo idóneo del día, horario y recorrido); algo que ha servido para compensar el relativamente escaso seguimiento que tuvo el traslado de ida. Sin embargo, no se terminaron de corregir algunos fallos de organización que ya se vieron hace tres semanas, aunque la carga sí demostró mejoras importantes, los Titulares fueron portados con mucho mayor suavidad. Soledad volvió a hacer honor a su advocación y efectuó un traslado que, al igual que el de ida, ha pasado totalmente desapercibido. Pudo achacarse a la hora tan temprana en que tuvo lugar, sin embargo, el traslado de vuelta de Medinaceli sí contó con un significativo acompañamiento de fieles y devotos, además de transcurrir con mayor recogimiento y solemnidad que en el de ida. Columna pudo, esta vez, cubrir la larga distancia que dista entre el Carmen y la Iglesia Mayor con un ritmo más tranquilo, gracias a la climatología (que esta vez sí acompañó), y eso se notó en un mayor acompañamiento a las imágenes Titulares de esta hermandad, aunque esto también pudo repercutir en el manifiesto desorden del cortejo. San José y Servitas volvieron a rivalizar por hacer el traslado más cuidado y medido, aunque esta vez (al contrario que a la ida) ambos se desarrollaron con una menor presencia de público. Los josefinos contaron esta vez con ciriales (cedidos por segunda vez en lo que va de año por Pastora), capilla de música y llamador y faldones en la parihuela del Patrón. Por último, Servitas volvió al primer templo de la ciudad de forma similar a como lo abandonó, aunque esta vez incluyó en su itinerario el Callejón de Ánimas; algo que nos hizo revivir el Miércoles Santo (petalada incluida). Mª Stma de la Estrella se unió a este particular trasiego de parihuelas, y en dos días dos veces la vimos recorrer (con gran rapidez) el tramo de calle Real entre San Francisco y La Salle. El motivo fue un acto anual que organiza la Federación Andaluza Lasaliana. Un desangelado recorrido y una escasa presencia de fieles fueron las notas características. Tampoco debe quedar un mal recuerdo, pues al menos la ofrenda de flores sí fue un acto muy emotivo y colorista. De nuevo merece destacarse que sólo los miembros de JCC (en los traslados de Soledad y Medinaceli) vistieron chaqueta y corbata en su totalidad; en los demás casos se estuvo entre el quiero y no puedo y la vestimenta claramente informal. PD: la referencia a lo alarmante de algunos traslados en el anterior editorial, se debe a los momentos algo jocosos que se vivieron cuando los encargados de llevar los megáfonos pulsaron el botón que emite el escandoloso sonido de la sirena. Sólo ocurrió en dos traslados. 18 de noviembre de 2002 Como no podía ser de otra manera, Antonio Alías de la Torre fue designado, que no elegido, pregonero de la Semana Santa 2003 por el pleno de hermanos mayores. El nombramiento no ha estado exento de polémica, pues se han puesto en cuestión dos aspectos, a saber, el isleñismo del elegido y la forma de elección. En cuanto a lo primero, hay sectores de nuestro mundo cofrade que consideran que no está suficientemente acreditada su "pasión por La Isla". Evidentemente, al tratarse de un pastoreño de pro, las suspicacias surgen de inmediato entre los islitas que, se indignan al considerar que un representante de la sevillanía local ensalzará una Semana Santa que, para algunos, no vive como propia. También es cierto que Antonio Alías no ha dudado en expresar públicamente sus opiniones sobre cualquier tema cofrade, sin importarle el que dirán, cuando lo que caracteriza a la mayoría de los cofrades en general, y a los de La Isla en particular es la hipocresía, a veces rayana con el cinismo, disfrazada eso sí bajo las formas de lo cofrademente correcto. A pesar de todo, creemos que la elección ha sido acogida favorablemente al lograr un alto grado de consenso. Por otro lado, ha vuelto a ponerse en cuestión el sistema de elección, no tanto por el resultado final, como por la adulteración de las formas. La crítica no ha de ponerse tanto en las filtraciones, que seguirá habiéndolas pues el capillita es cotilla por naturaleza, como por el papel de meras comparsas que juegan los hermanos mayores. Si en la práctica es la comisión la que elige al pregonero, mientras el pleno de hermanos mayores queda reducido a una función borreguil de asentimiento, ¿por qué no insititucionalizarlo así? Que las hermandades propongan a los candidatos y que sea una comisión integrada por gente competente la que tome la decisión final, con posibilidad de veto por parte del pleno si así se creyese conveniente. En los últimos días también se ha dado a conocer el programa de la Escuela Cofrade 2002/2003. Tras el relativo fracaso de la última edición, con un descenso siginificativo de asistentes, este año se ha hecho un guiño indisimulado a los jóvenes (tan olvidados en otras ocasiones), con la inclusión de algunos temas más actuales y atrayentes, aunque está por ver el tratamiento que se hará de ellos. Más aún cuando la moral de la inmensa mayoría de los católicos no es precismente la "oficial" que dicta nuestra jerarquía eclesiástica. Acorde con esto, en el año 2002 descendió casi un 10% el número de contribuyentes que marcaron la casilla de la Iglesia Católica en su Declaración de la Renta. Pero no podemos acabar este editorial sin hacer mención a la pequeña gran tormenta vivida en la Asociación de Amigos del Cargador, que hasta este año era la que portaba a los Titulares de la popular hermandad del Prendimiento. Los problemas internos ya venían arrastrándose desde hace tiempo en un conflicto caracterizado por las desavenencias personales, más que en las propiamente institucionales. A la disensión interna en la propia asociación habría que añadir la complacencia de algunos sectores de la cofradía afectada, que veían con buenos ojos prescindir del actual presidente. Como resultado de todo esto, se creará una cuadrilla propia de la hermandad con casi todos los antiguos integrantes de la asociación, que previsiblemente tiene los días contados. Una vez más, el tema de la carga da que hablar en La Isla, y quizás pronto tengamos que hacerlo de nuevo.
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