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Nos hayamos ya en Noviembre, y me dispongo a plasmar en
esta sección, la opinión no sólo de la persona que
se encuentra en estos momentos redactando estas líneas, sino más
bien de la amplia mayoría del mentidero cofrade que aún
se considera cañailla.
Estoy seguro de que, utilice el lenguaje que utilice seré criticado
por aquellos cuyo propósito es acabar con la tradición,
implantar un estilo que no es nuestro, y en definitiva fraccionar el espectro
cofrade de nuestra ciudad. Por tanto, en mi oratoria no cabrán
las medias tintas, las ambigüedades o cualquier clase de alusión
velada. Pienso llamar a cada cosa por su nombre, pero siempre desde el
respeto y la educación. No está en mi ánimo el caer
en el ya frecuente insulto compulsivo, lo cual, como digo, no es óbice
para llamar a cada cosa por su nombre.
Es sabido por todos que existe desde hace ya algún tiempo un movimiento
insurgente encabezado por algunas Hermandades cuyo propósito es
implantar el llamado estilo sevillano en nuestra ciudad.
No pretendo cuestionar el estilo de carga sevillano desde un prisma estético,
ya que me parecería un absoluto error porque como se suele afirmar,
frente a gustos no hay nada escrito. Lo que pretendo es realizar una profunda
reflexión sobre si debemos permitir que poco a poco nos aborde
un estilo que NO ES NUESTRO.
Todo empezó en la Hermandad de Medinaceli, con una Junta que afortunadamente,
fue radicalmente destituida por la democracia de la urnas. A estos precursores,
amantes de la confrontación no se les ocurrió otra cosa
que sacar por las calles de la isla a una de la Hermandades más
señeras de nuestra amada ciudad bajo el influjo del famoso estilo
"vendaval" sevillano que nos ocupa.
Pues bien, habiendo sido excluidos de esta hermandad decidieron refugiarse
en otra de gran tradición histórica en nuestra ciudad; la
de la Divina Pastora. Pues ahí siguen, se han hecho fuertes bajo
los auspicios de todos aquellos que, fueron en sus correspondientes hermandades,
al igual que ocurrió en Medinaceli, rechazados, no ya por las urnas,
ya que afortunadamente no fue necesario, sino por las propias juntas de
gobierno que no permitieron el intrusismo de estilo que estos "cofrades"
propugnaban.
Pues bien, poco a poco estos cofrades han ido extendiendo los tentáculos
del sevillanismo por muchas Hermandades de La isla; entre ellas podemos
destacar a la Hermandad del Perdón, Misericordia y el Gran Poder.
Hemos de reseñar que no podemos comparar bajo un mismo rasero a
estas tres hermandades ya que sería injusto. Cada una con sus características,
podríamos calificarlas de la siguiente manera: en primer lugar:
el Perdón, sin duda la más radical en sus convicciones,
en 2º lugar, Misericordia, hermandad que sin llegar a destaparse
como una de las más radicales, posee un estilo de carga que, cuanto
menos nos chirría. Y por último el Gran Poder, mezcla de
estilo, a la que sería harto dificil esncasillar en uno concreto.
Pues bien, en este momento me gustaría entablar la siguiente reflexión,
estas hemandades se encuentran en estos momentos en un proceso de transición,
unas más avanzadas que las otras. El motivo de esta disparidad
en la evolución se debe principalmente a la llamada presión
de "su barrio".
Pués bien, a este mal llamado "barrio", formado por todos
aquellos hermanos en Cristo que verdaderamente sienten la hermandad, es
a los que debemos apoyar más fielmente, ya que son sin duda el
valuarte mayor de la defensa del VERDADERO ESTILO ISLEÑO. Todos
sin excepción, hemos de respaldar a todos estos cofrades que son
el "eidos" de la cultura cofrade isleña.
Finalmente, para concluir, me gustaría constatar rotundamente que
el estilo de carga de una determinada localidad, municipio, o gran ciudad
es uno de los elementos que dotan de identidad a ese lugar, hacen de ésa
semana santa algo único y diferente del resto de poblaciones y
por ende la dotan de personalidad propia.
Hoy en día, cargados de novismos, hartos de la cultura del estereotipo,
hemos de defender a ultranza las tradiciones, ya que sin ellas perdemos
nuestra personalidad base como ciudad cofrade.
Sin más dilación, concluyo este artículo que espero
no haya herido la sensibilidad de nadie. Simplemente pretendo aportar
mi granito de arena a la evolución de la semana santa isleña,
rechazando todos aquellos factores que en mi opinión hacen de esta
evolución, una involución.
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