Mi propósito al escribir esta opinión es un grito desesperado
a la reflexión y a la recapacitación de lo que está
ocurriendo en nuestra querida Real Isla de León, a la que yo
como isleño de adopción me sinto tan unido.
En primer lugar quisiera manifestar mi asombro ante lo visto en esta
pasada Semana Santa en cuanto al manido tema de la carga de Misericordia
y sus consecuencias para con el futuro de este oficio en nuestra tierra.
Creo que no es nuevo para nadie el origen y evolucion de la carga en
San Fernando y la importancia de la misma en el desarrollo de la Semana
Santa Isleña.
Por este motivo, me extraña tanto que en un pueblo tan orgulloso
de su carga, su estilo y sus tradiciones aparezca un cada vez más
nutrido grupo de amantes del costal.
Sin embargo tras pensarlo mucho y plantearme varias hipótesis
de por qué se quiere sustituir nuestra legendaria almohada por
el costal foráneo he llegado a la siguiente conclusión:
nuestra vieja carga está herida de muerte y hemos sido nosotros
(los cargadores "tradicionales") quienes la hemos ido matando.
Si volvemos la vista unos diez años... ¿qué vemos?
una carga completamente diferente a la que tenemos en la actualidad,
¿por qué? porque en ella existía un sentimiento
isleño, era una carga de movimientos hacia las bandas, pasos
cortitos, pasitos hacia atrás, sin prisa, quizás algo
brusca... pero quiero recalcar lo más importante... con sentimiento.
Con esto se conseguía el arte, la belleza absoluta del paso
de Nuestro Señor camino de su Calvario, de su Crucifixión,
de su Muerte y Resurrección acompañada siempre bajo el
Dolor de su Madre con ese movimiento dulce de sus varales, que hacía
estremecer al pueblo de la Isla a NUESTRO PUEBLO, que hacía arrancarse
por saetas, por oraciones conjuntas por veneración a Cristo.
Sin embargo, esto se ha ido perdiendo, convirtiendo la carga en un
simple andar hacia delante hacia las bandas (cada vez menos) con poquitos
quietos y poquitos pasos hacia atrás, conclusión: la gente
se aburre y quiere ver cosas nuevas y termina por ver con buenos ojos
cosas que en otras circunstancias no hubiera aceptado.
Pero yo me pregunto y os pregunto ¿no puede ser también
culpa del público? de este público que no valora absolutamente
nada, que no aplaude jamás que no aprecia una buena levantá,
el esfuerzo de una buena trepá, el solo de una buena marcha...
sólo con un paso y una marcha nuestro pueblo despierta de la
apatía y aplaude... aplaude este bien o mal... con el Señor
de la Isla siempre aplaude: Pero esto tiene unas consecuencias y es
que en el Nazareno nos guste o no nos guste su concepción de
la cara utiliza toda la tradición isleñay eso merece la
recompensa y el ineres del pueblo.
A quienes quieren poner un estilo foráneo yo les pongo el siguiente
ejemplo:
Plaza de toros las Ventas (Madrid) mano a mano entre Morante de la
Puebla y Michael of NEW YORK... ambos realizan sus faenas... ¿Quién
saldría por la puerta grande? ¿el torero que ha mamado
desde su infancia el toreo de andalucía, que conoce y respeta
la tradición taurina o, por el contrario, el yankee que desde
el exterior ha dicho "oh my God que bonito es esto del toreo, voy
a imitarlo"?
Pues esto es lo que ocurre en la carga. Nosotros aunque queramos no
podemos imitar a Sevilla... o no la podemos imitar bien puesto que desconocemos
todo lo necesario para otorgar a nuestra carga el sentido que en Sevilla
tiene, tenemos el ejemplo de la carga de la Pastora, ¿de verdad
esa es una carga sevillana? Sevilla no es arrastrar los pies, es mucho
más pero a la vez no es más que nosotros simplemente es
otro estilo ni mejor ni peor.
Muchas veces parece que quienes quieren cambiar el estilo de carga
lo hacen simplemente por verguenza de su pueblo y en vez de ayudarlo
a mejorar prefieren eliminarlo y volver a empezar, pero las imitaciones
jamás superan al original.
¿por qué somos Interés Turístico Nacional
de Andalucía? ¿Por imitar a Sevilla? O por mantener un
estilo propio que despierte interes.
El problema vuelvo a insistir es que nosotros los cofrades de la Isla,
debemos de contraatacar con nuestra carga de siempre, con la más
dulce, la más marinera, la que con más sentimiento realizamos,
esa que cuando hacemos el pueblo nos reconoce y nos aplaude y dejan
de pensar en otras ciudades para pensar en las marismas, en las playas,
en el arte, en el Carmen y el Nazareno... en definitiva, para pensar
en la ISLA.
Cofrades del hoy y del mañana, encontremos de nuevo nuestro
sentimiento y volvamos a cargar como nos enseñaron nuestros mayores.