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16/07/2001

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19/03/2002
26/04/2002

 

En mi anterior artículo describía una clasificación de cofrades, que en mi opinión existen en las Hermandades. Ante todo he de decir que no todo el monte es orégano. Existen buenos cofrades dentro de nuestras Hermandades y también, desgraciadamente, fuera. No todo es malo, repito. Lo que ocurre es que uno tiene la frustración de ver a algún que otro no deseable inmerso en este mundo cofrade. Y me da lástima. Me molesta sobremanera que nuestras Hermandades no sean regidas por personas ambiciosas, no en lo de mandar, sino en el aspecto de llevar a las Cofradías, a los cofrades, a un mayor conocimiento de la Fe, mejorar su patrimonio, conseguir acercar a los Hermanos al espíritu penitencial de la salida procesional y a llegar a definir la palabra Hermandad en el seno de ella.


Pero no, aún hay señores que se empeñan en continuar y continuar en la Junta sabiendo que solo unos pocos le respaldan. Y mientras, nuestras Cofradías, en manos de personas que no han nacido para esto ni para rectificar. (Perdón por la generalización). Ahora que en nuestro mundo cofrade esta de moda la palabra dimisión, espero que la empleen quienes me he referido líneas atrás.

La verdad es que los últimos acontecimientos me han llevado a escribir sobre la figura del cofrade. Me refiero a las últimas dimisiones que han habido en nuestras Hermandades. Y este artículo no es que vaya por éstos concretamente. Cada caso habría que analizarlo. Pero como decía la prensa, no es muy común la dimisión en los Hermanos Mayores de nuestras corporaciones. Pero seguro que todo viene a lo mismo. Cuando existen Juntas de Gobierno, con sus defectos y virtudes, de personas con arraigo en la Hermandad, mentes sanas de trabajo y prosperidad y un objetivo concreto y estudiado, la palabra dimisión o lo que es lo mismo, dejar de pertenecer, se convierte en ganas de ser cofrade comprometido.Por tanto, ¿qué falta en nuestras Hermandades?: Lo mismo que en la sociedad. Excesivo individualismo, falta de cordialidad y ceder ante lo evidente a pesar de dar nuestro brazo a torcer. Pero aunque no esté justificado, en nuestra sociedad se buscan otros móviles; y en la cofradía nuestro móvil es Jesucristo y su obra de amor a los hombres.


Por tanto, la solución la tenemos ante nuestros ojos: nuestros Titulares. Pensemos de una vez, qué nos mueve a estar en la Cofradía y démonos cuenta de que estamos en asociaciones de Fe. Somos seguidores de Cristo, no más. No somos políticos ni nada por el estilo. Preguntémonos cada día: ¿porqué soy cofrade?, ¿porqué estoy en la Hermandad?. Y cuando sepamos que solo nos mueve el fin de acercarnos a Cristo por mediación de nuestras Cofradías, sabremos si realmente debemos de continuar o de emplear la palabra dimisión. Dejemos en las Hermandades a quienes quieran esto. En caso contrario, repito, ¡dimisión!