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Tiberio
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| 06/10/2001 | 03/01/2002 | 03/02/2002 | 26/02/2002 | 12/03/2002 | 17/09/2002 | 29/11/2002 | |
| 07/01/2003 | |||||||
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SOBRE LA IGLESIA Y LAS HERMANDADES El editorial de Isla Pasión correspondiente al 11 de marzo plantea algunas cosas que convendría matizar. Aquel que haya leído mis artículos anteriores habrá observado que en algunas ocasiones he criticado ciertos comportamientos del clero hacia las hermandades y cofradías que sólo han provocado polémicas estériles y carentes de sentido. Sin embargo, me parece un poco exagerado decir que las cofradías son, de algún modo, las que hacen poco más o menos que la Iglesia siga existiendo como tal. La Iglesia llevaba existiendo dieciseis siglos sin necesidad de cofradías. Fue precisamente, a raíz de Trento, cuando se empezó a hablar abiertamente de procesiones en el sentido que hoy las conocemos. Las hermandades son un elemento muy importante pero no son el único. Valiente fe sería la nuestra si tiene que estar apoyada en unas procesiones que cada año rememoran el martirio del Siervo de Yaveh. Además, no lo olvidemos, las procesiones son un complemento de la celebración litúrgica. Digo esto no vaya a ser que alguien haya perdido la perspectiva. La Iglesia es ya una institución bimilenaria que ha tenido tinieblas realmente oscuras pero también luces muy brillantes. Por tanto, a la hora de juzgarla hay que tener mucho cuidado porque se pueden cometer injustas generalizaciones: no se puede poner al mismo nivel a San Gregorio Magno o Tomás de Aquino que a Julio II o Alejandro VI. Para ilustrar esta idea, me remito a una de las frases que están incluidas en dicho editorial: "el distanciamiento entre la inmensa mayoría de los católicos y su jerarquía eclesiática es cada vez más acentuada". Esa frase es verdad en función del lugar y del momento al que nos refiramos. No es lo mismo hablar del Arzobispo de Pamplona, Monseñor Sebastián que está realizando una extraordinaria labor, o del arzobispo de Valencia García Gasco que hablar del obispo emérito de San Sebastián del cual sobran los comentarios. Sobre el actual pontificado, creo que lo más oportuno sería esperar que concluyera para pronunciarme de forma objetiva. Se menciona también el bajo índice de asistencia a misa. Pues bien, yo estuve presente el pasado Miércoles de Ceniza, por poner un ejemplo en día laborable, en la Iglesia de San Francisco y la verdad comprobé que estaba totalmente repleta y de ello puede dar fe algunas de las personas que habitualmente colaboran con esta página. Es verdad que los cultos cuaresmales no gozan de gran afluencia de público. En cualquier caso, ¿no será más bien al concepto que se tiene de hermandad lo que provoca esa situación?. Además, creo que habrá casos en los que será un poco atrevido el achacar la ausencia como consecuencia de una manera particular de entender la religión. En otras palabras, ¿no será que hay muchos hermanos y hermanas que entienden la Semana Santa como un espectáculo ( recuerden mi alusión al desfile de Columbus Day de mi artículo anterior ) cuasi-pagano o, si ustedes prefieren, folclórico?.
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