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Tiberio

16/09/2001

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07/01/2003              

 

Aprovecho la oportunidad que me brindan los responsables de esta web para comentar algo que me llamó poderosamente la atención. El pasado miércoles 12 de septiembre estuve presente en la solemne función de instituto de la Hermandad de Columna que coincidía con el último día del triduo en honor de María Santísima de las Lágrimas.


Todo transcurrió con normalidad hasta que llegó el momento de la homilía cuya duración fue realmente excesiva. Sin embargo, lo de menos es la duración ya que el tema de mi artículo es el análisis de algunas de las cosas que dijo en la plática. Quiero subrayar dos cosas. Por un lado, el sacerdote abroncó al público que asistía al oficio religioso y en segundo lugar dijo unas cosas que son discutibles.

No es de recibo que el sacerdote se dirigiera a la feligresía de la manera que lo hizo. Yo pensaba que esas formas estaban ya desterradas pero me sentí decepcionado. A mi entender, esas formas no son las más idóneas para que un feligrés se sienta a gusto en misa. Por añadidura, al usar ese tono, algunas de sus opiniones podrían perder validez ante sus fieles. Además, la homilía apenas mencionó la festividad del día y cuando lo hizo fue para entrar en unas profundidades teológicas que pocos fieles podrían entender.
En segundo lugar, el sacerdote dijo algunas cosas certeras como la ignorancia religiosa de muchos fieles y devotos que acuden a la iglesia. En este sentido, sería interesante, y digno de análisis estadístico, algún día preguntar a los cofrades por qué la Semana Santa no tiene fecha fija de celebración.

Pero otras de sus afirmaciones son más que discutibles. Una de las cosas más llamativas fue el hecho de que insistió mucho en la infabilidad de los concilios organizados por la Iglesia. Me llamó este punto poderosamente la atención porque recordé algunos episodios históricos que han demostrado la torpeza de algunas de las resoluciones de ciertos concilios.

Por poner un caso el de Trento que sirvió para organizar la que sería llamada como "Contrarreforma" que pretendía para el avance del cisma provocado por las iglesias protestantes. Una de sus conclusiones fue el hecho de que la Vulgata ( Biblia latina ) sería la única válida y se descartaba el uso de las lenguas vernáculas en las traducciones de las Sagradas Escrituras. Ese episodio fue una gran torpeza y convendría reconocerlo sin ningún tipo de complejo. Así se explica el que la mayoría de los países protestantes en el siglo XVI y XVII rebajaran el nivel de analfabetismo debido a la lectura continua de las Sagradas Escrituras por no hablar de otros aspectos de índole político y económico.

Como conclusión, entiendo que no fue el día más indicado para hablar de los concilios. Es un tema al que no le resto importancia desde luego ya que son trascendentales para entender la historia, no sólo de la Iglesia, sino también la de Occidente. Pero creo que hubiera sido más oportuno explicar la trascendencia de la figura de María en la historia de la Salvación aprovechando la festividad del día.


Tiberio, webmaster de EL ARCHIVO


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